estornudos canallas
viernes, 31 de mayo de 2019
Pensar en ti, a veces, es algo insoportable. Tener tantas neuronas entregadas al trabajo forzado de hacer algo que no quiero hacer.
Y volver a rendirme ante lo evidente: Jamás, una felicidad puede nacer de otra.
Y recuerdo esos domingos astrofísicos anclada a tu cuerpo de resaca y las ganas de no irme,
pero me iba siempre.
Volvía siempre al mundo que me esperaba y dejaba atrás tu espalda, huyendo del vértigo de la profundidad de tus brazos.
Y se exactamente a como olía tu cuarto. Menguante.
Que ahora se me antoja kilométrico.
Los pasillos de tu guarida.
Recorrerlos casi sin aire.
Arropada por latidos inquietos y las ganas de
dejar flotar los pies.
Las duchas...el armario vacío de mis prendas en proyecto siempre de ser habitado.
Su forma en L tapando la luz de las mañanas en las que si me rendía y casi me quedaba.
Las "eles" y las esquinas eran la característica principal de aquel paraíso.
Cogía las fuerzas.
Respiraba y luego me iba a otras cruzadas sin ti.
Llamando hogar a sitios que eran totalmente
desconocidos para mi.
Habitat de diario, mi casa, mi novio de siempre, mi perro...lo cotidiano.
Me iba y venia entre tus sabias manos, para salir corriendo de Aquellas esquinas retorcidas donde me refugiaba en espacios intermitentes, espacios de aire me hacían perder la cordura.
De cuando en cuando hace falta un éxodo para saber valorar lo que se supone teníamos,
cuando estábamos cerca de todo y de todos, y a la vez, tan lejos.
miércoles, 17 de junio de 2015
Centrífugo
Centrífugo
Dentro de la médula latiendo espero las horas de tu mirada.
El centro gira en torno a tu debilidad, a protegerte.
Desde siempre has estado en el letargo de mi futuro esperando y me haces esperar.
Eres mi alegría, mi mundo, mis nervios, mi mayor miedo…
A veces me falta el aire, siento acelerado el pulso y tu corazón late fuerte.
La vida entre los muslos, entrañas con olor a sangre y el sentido de todo, cerrando el círculo.
Girando sobre tu pequeño y frágil mundo. Mi vida continuará en ti.
Mi mirada, mis gestos se proyectaran en ti como una película de cine mudo, proyectada en blanco y negro desde mí pasado al color de tu futuro. Y lo ignorarás, no sabrás porque te pasa lo que te pasa.
Pero te pasará. Emoción de poder acariciar tus manos del tamaño de un quinto de mis manos.
Tenue sensación, cuando ya no te esperaba y sin embargo;
sucede, sucede, sucede.
El milagro, tus pataditas en mi vientre, el sentido que tiene que ser así, sobre mi cicatriz, el dolor y la alegría de empezar un cascabel en tus rizos de carne.
Inma Rivers
Coto de caza
Una bala por metro cuadrado, piezas de piel en tiras rojas
Decidís el día, el cómo, el cuándo, y la zona fronteriza.
El barrio, la guerra, poder sobre plataformas de miedo, e ingenuos
Aclaman el desarme mientras los otros solo señalan con el dedo y los llaman cobardes.
Risas, cinismo, cenismo, seísmo y sismos, resultados como la franja de Gaza.
Trajes verdes, azules y secretos, poca armadura para un cuerpo a cuerpo.
Podéis disfrazar la fruta verde de piel melocotón con aire contaminado y maduras células de imperialismo, nacionalismo, tú Dios, mi Dios, vuestra religión trasnochada, transfugada y “transfumada”… mil términos para decir e identificar lo mismo.
Ambición, poder, y más poder, se encuentra detrás de cada víctima, de cada nombre
De cada renglón coronado de flores secas.
Control demográfico poblacional, selección antinatural de la especie más fuerte, control de natalidad, coto de caza en temporada alta, vacaciones económicas, negocio y justificación administrativa.
Capitalismo, coto de caza abierto, fronteras cerradas, el cerco cada vez más pequeño.
Pellejo al peso. Uno pisa fangos en descomposición, mientras la mujer H le compra un diamante de 20 quilates a su mascota para adornar el final de la escalera de su casita color mora y “Barby” de ficción.
Un niño pasa de hambre para que tú calces unos zapatos de 3000 euros.
Muchos tachan mi lengua de estar envenenada, amargada falsa moral y falso comunismo. No hay etiquetas para subrayar que solo digo lo otros ni han aprendido a pensar. Pero muchos callan, bajo nivel en conformismo de ver la mansión “Play boy”, Gran hermano, los desfasados, los justos y los hebreos.
Lagos ciegos que corren sobre la tela de asfalto, en el mismo sentido que le indican, saltos de gamo, en ganados mal educados, esclavos del horario de oficina del coto de caza que te indican. Es fácil decir que otros mueven los hilos, ¿revolución, cuándo?
Carnívoros contra vegetarianos. Apuntan en la diana de su espalda, depravados, depredadores, detractores… objetivo, un campo de piezas, enorme coto de caza.
Todos colean con ansiedad el tiempo de la evolución en el mundo de la relatividad exhortada.
Inma Rivers
Mi triangulo de las Bermudas
Triangulo de las Bermudas
Me dejé el corazón disfrazado de mulato , en el malecón de “Cai”.
En Sevilla un cuarto de estomago con hígado cuando las cervezas eran a 50 pesetas.
Y un amigo abandonado, cuando a mi me abandonaron dos.
Madrid recubría de rímel las ojeras, las carreras, el olfato y la fidelidad..
En el norte viaje al incesto de la mano de dos hermanos mancos, y un cenicero de liar.
Valencia me supo a poco, entre Torrejón y la A-3, se fue viniendo del inglés,
la lengua que mejor sabor me guardó, con orgasmos ancestrales de promesa rota
y miedo a vivir.
Placer de lo que no debí más de mil veces seguidas y discontinuas.
Volví a Madrid por el atajo de Aluche, al séptimo cielo enfundada en una piel mostaza y de caramelo, me dejé entonces el alma en cada verso,
y áticos de sueños despiertos.
En Barcelona aguarda mi secreto, el dinamismo y la tierra fría en arena de piedra y de sal.
Me dejé olvidada las orejeras del optimismo, intentando entender sus fronteras.
Volví de nuevo a Madrid con las manos vacías y llenas.
Me dejé la virtud en los dientes que mordió mi ilusión de niña quimera.
Cegada de sentidos, navegué cerca del mar, donde se pierden los ríos,
y aprobé con la boca muda, los ojos desmaquillados, la nariz de pinocho,
los oídos sordos y las manos ciegas tocando la muralla de la Alhambra.
San Nicolás decía adiós y me ordené al sexo profundo del café moruno.
Hierba dulce, droga del mundo.
Todos los sentidos encadenados con grilletes de marionetas infinitas.
Grilletes de adicción a los labios del placer. El paladar de la miel.
Aire frio que arrasa de infierno mis venas y reblandece sentencias.
Vuelvo a “Caí” por el camino corto, que dura días y meses.
La sal del salitre se acerca.
Huellas de arena arrastra el mar de mi triangulo de las Bermudas.
Inma Rivers
Nació y renací
Tenias prisa por llegar, no quisiste esperar a mayo.
Con las prisas de las primeras tormentas de primavera, y olor a las aguas mil,
el sol asomaba a los ojos del astro rey.
Sol, que impaciente, como tú, (de casta te viene la medida)
esperaba tu venida. Iluminando la habitación verde.
Y con tu aroma de pequeñas cosas, y latidos de aire y charca,
me dejaste sin respiración y sin habla.
Inma Rivers
el Zig y el Zag
Zig - Zag
Se desliza, se disuelve,
el sueño en la sal.
Sal, a cambiar mañanas por bocanadas de aire.
Aire de semanas amnésicas por litros de sueños con insomnio.
Zig - Zag
Nadan hasta tu comisura.
Labios encarnados a punto de morder,
y sonreír frente al espejo de la realidad.
Inma Rivers
Lunares que enloquecen
Mientras acaricio las constelaciones de tu piel.
Tu olor se hace persistente en la yema de mis dedos.
Quisiera atravesarte a cada paso y quedarme hospedada por siempre,
dentro de cada uno de tus secretos.
Como si fuera tu herpes maligno, posesivo y miserable.
Necesitándote de manera antinatural. Estorbándote.
Tus ojos han silenciado un poema mudo en la noche.
Son capaces de desvelarme el misterio de mil días y de cien años.
Lo iluminan todo, es mi mayor felicidad y testigo.
Verme en ellos reflejada, es como la primera calada de humo de la calma.
Por eso los quiero abiertos, bien abiertos.
Revolucionando el orden. Enseñando y aprendiendo. De Míster a Maestro.
Y viceversa. Recorriendo ese camino, con paradas literarias en tus poemas.
Cerrados, cuando sepas que quieres dormir a mi lado mañana.
Memorizando tu boca. Yo velaré tus sueños. Y prometo,
Ser, siempre, tu caricia en la noche.
Tu primer beso en la madrugada, tu descanso…
Este es tu poema, el que rondaba por mi cabeza ayer.
El que me inspiraron los lunares de tu piel.
Inma Rivers
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