miércoles, 17 de junio de 2015

Lunares que enloquecen

Mientras acaricio las constelaciones de tu piel. Tu olor se hace persistente en la yema de mis dedos. Quisiera atravesarte a cada paso y quedarme hospedada por siempre, dentro de cada uno de tus secretos. Como si fuera tu herpes maligno, posesivo y miserable. Necesitándote de manera antinatural. Estorbándote. Tus ojos han silenciado un poema mudo en la noche. Son capaces de desvelarme el misterio de mil días y de cien años. Lo iluminan todo, es mi mayor felicidad y testigo. Verme en ellos reflejada, es como la primera calada de humo de la calma. Por eso los quiero abiertos, bien abiertos. Revolucionando el orden. Enseñando y aprendiendo. De Míster a Maestro. Y viceversa. Recorriendo ese camino, con paradas literarias en tus poemas. Cerrados, cuando sepas que quieres dormir a mi lado mañana. Memorizando tu boca. Yo velaré tus sueños. Y prometo, Ser, siempre, tu caricia en la noche. Tu primer beso en la madrugada, tu descanso… Este es tu poema, el que rondaba por mi cabeza ayer. El que me inspiraron los lunares de tu piel. Inma Rivers

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