miércoles, 17 de junio de 2015

Cuento chino de la actualidad

La mujer que se creía un felino, con mirada cristalina de ojos cambiantes y tristes, de color ansia de vidas truncadas y con sabor a decepción en las noches perseguidas. Fue a encontrarse con el hombre de hojalata. Pero no hubo un camino de baldosas amarillas que juntar, con los talones de tacones desafinados en la resaca de la mañana. Ni corazón suficiente para comprar los pases del camino de vuelta. Las vías de servicio en desuso, llenaron los tranvías de vacíos, de noches blancas, de dolor amargo y de hiel en las sábanas. Con todo, esta es la historia de dos sonámbulos, que apostaron todo, y no apostaron nada. Que creyeron apartarse del mundo para encontrar a un mago de Oz desdeñoso y alejado con las manos vanas. Buscar dentro lo que pensábamos que faltaba, no pareció ser bastante… El mago de Oz no nos sonrió al llegar, ni las baldosas amarillas brillaron para nosotros. Este es el cuento, las cartas saben a despedida y el desencuentro describe nuestros momentos insuficientes de todo. La mujer felina se fue a arañar las paredes de su finito infinito. La impotencia mascada de una mañana sin palabras. Ya no hay palabras que describan el sabor a muerte frente al atardecer de los días que pasaban fugaces, sin que nunca pasase nada. El sol en el mundo de Oz, no es diferente al de los días grises que pintaban las rayas de la cárcel de algún traje de hojalata en interrupción. Ella araña con zarpazos crueles a su alma repleta de nada. Mientras el hombre de hojalata, teme llorar demasiado por si se le oxidan las bisagras que soportan el peso de sus puertas cerradas al mundo. Hubo un día que tuviste arenas movedizas que engullían los suspiros heridos de esta gata, que se calmaban en un gozo por vivir y revivir cien veces… Las ansias de compartir todo. Tus ojos color tierra mojada de la mañana, se antojaron cansados ayer. Hoy son metálicos. Hoy eliges la vida de plata fría. Inma Rivers

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